02/02/2017 - +Eusebio Ramos Morales
Obispo Diócesis de Caguas
 
Saludamos con alegría a S.E.R. Mons. Roberto O. González Nieves, Arzobispo Metropolitano de San Juan y Presidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña. Con él, a S.E.R. Mons. Rubén A. González Medina, Obispo de la Diócesis de Ponce y anterior Obispo de la Diócesis de Caguas, que nos acompaña en este momento. También, saludamos al Administrador Diocesano de Caguas, Rvdo. P. Antonio Cartagena Veguilla; con ellos, expresamos nuestros saludos y les damos la bienvenida a los sacerdotes, diáconos, religiosos y miembros del pueblo de Dios de la Diócesis de Caguas, así como a los que los que se han dado cita para esta Conferencia de Prensa.
Saludo, también, a algunos sacerdotes de la Diócesis de Fajardo-Humacao que me acompañan: Rvdo. Padre Víctor Santiago, Vicario General, Rvdo. P. Luis A. Alicea Rivera, Vicario Judicial y Rvdo. P. Héctor Rodríguez, secretario. Igualmente, saludo con alegría a los miembros de la Prensa que han respondido a esta convocatoria y agradezco su presencia y su servicio, para trasmitir al Pueblo de Dios de la Diócesis de Caguas y al pueblo de Puerto Rico la noticia de este nombramiento episcopal que ha realizado el Santo Padre, el Papa Francisco en la Santa Sede, durante este día.
Como acaban de escuchar por medio de Mons. Roberto, este Servidor ha sido designado por Su Santidad, el Papa Francisco, como nuevo Obispo Diocesano de esta Sede Episcopal de Caguas. Debo decirles que he aceptado esta encomienda en obediencia y comunión filial con el Santo Padre, el Papa Francisco. Tengo como principio medular, en mi vida ministerial, responder con fidelidad al mandato y disposición de servicio que la Iglesia me encomiende, con total libertad, responsabilidad, sinceridad, y con las mayores fuerzas que me permite el Espíritu, a pesar de mi limitada condición humana. Ciertamente, no ha sido fácil aceptar esta nueva encomienda ante el proyecto misionero diocesano que teníamos en nuestras manos. Pero tengo gravado en mi corazón de sacerdote que, desde la ordenación ministerial, ya no nos pertenecemos a nosotros, sino a Jesucristo que nos ha llamado y a su Iglesia que es sacramento visible de vida y salvación.
Por eso, agradezco a Dios Padre su misericordia con esta designación ministerial y al Santo Padre, el Papa Francisco, la confianza y apoyo ante esta nueva misión episcopal que me encomienda en la Diócesis de Caguas. Les solicito, encarecidamente, al Clero, Religiosos y Pueblo de Dios de esta Diócesis Cagueña, la oración por este Servidor que hoy llega a esta Sede Episcopal. Será el espíritu eclesial de comunión, de fraternidad y de solidaridad que nos vincula en Cristo Jesús y en su amor misericordioso, nuestra mayor fuerza para abrazar juntos este proyecto del Reino de Dios con la pasión y alegría que requiere este ministerio.
 
Agradezco también la presencia de S.E.R. Mons. Rubén A. González Medina, mi predecesor en esta Sede Episcopal; de S.E.R. Mons, Álvaro Corrada del Río, quien fuera su Administrador Diocesano por varios años; como del Rvdo. Padre Antonio Cartagena, Administrador Diocesano durante este último año de administración en esta Diócesis. A ustedes, gracias por su presencia y su celo ministerial, llevado a cabo durante tantos años. Les solicito, fraternalmente, que compartan conmigo su experiencia y su solidaridad ministerial. Se trata de continuar el pastoreo que ustedes realizaron con empeño ministerial y eclesial, pero entrando en sintonía con la realidad diocesana actual y ante la situación histórica que vivimos, como pueblo, y que nos presenta grandes retos y desafíos.
Al venir a Caguas, como Obispo Diocesano, soy consciente que vengo a una Iglesia local con larga historia y con mucha experiencia pastoral. Pero, vengo en sintonía con el proyecto eclesial refrescante y renovador del Papa Francisco. Además, he recibido esta encomienda cuando la Iglesia en Puerto Rico vive la Misión Continental que impulsa una Iglesia discipular misionera, acogedora y servidora, a la que se le llama a ser signo vivo de la misericordia del Padre. La Iglesia tiene que renovarse, continuamente, en sus estructuras y proyectos pastorales, viviendo la conversión que nos pide el Evangelio. Sólo así, puede convertirse en Iglesia Discipular Misionera de puertas abiertas, capaz de generar espacios de comunión, de acogida y de reconciliación para sanar las heridas del pueblo de Dios, especialmente de las personas marcadas por el dolor y el sufrimiento de la injusticia, el odio, la indiferencia, las ideologías y el egoísmo humano. Por esto, impulsaremos el Evangelio con nuestras mayores fuerzas y la vivencia de principios fundamentales, tales como: “conviértanse que el reino de Dios está cerca”, “síganme y los haré pescadores de hombres”, “yo no he vendido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por los demás”, “ámense los unos a los otros como yo los he amado”, “sin mí, no pueden hacer nada”, entre otros. El Evangelio tiene que escucharse, siempre, con oídos de nuestro tiempo y corazones humildes y sencillos que nos hagan capaces de acogerlo, vivirlo y testificarlo por todas partes y a toda la gente.
De la Diócesis de Fajardo-Humacao, Diócesis de El Yunque, Diócesis Misionera por su fundación y realidad histórica y existencial, hoy me transfieren a la Diócesis más criolla de Puerto Rico: la Diócesis de Caguas. Pero, esta Diócesis Criolla cuenta con una historia permeada, desde sus inicios, por la renovación eclesial del Concilio Vaticano II. Son muchos los testigos que han vivido e impulsado esta renovación eclesial en la Diócesis de Caguas. Ahora, acogemos esta encomienda con alegría y pasión, recordando este origen, en ese ambiente conciliar de renovación que la vio nacer como Iglesia diocesana de Caguas. Pero, van más de cincuenta años y, hoy, la Iglesia vive un tiempo de esperanza y de renovación manifiesta con el magisterio vivificante del Papa Francisco. Magisterio que se caracteriza por su convocatoria clara y directa del llamado misionero discipular, acompañado por el testimonio vivencial y reconciliador de su pastoreo.
En el caminar eclesial de Caguas se han destacado, entre muchos elementos, la formación y acompañamiento de los laicos, así como la pastoral social de compromiso solidario con los que sufren y con la cultura que nos define e identifica como pueblo. También, la evangelización renovadora, con carácter mariano, teniendo como Patrona a Santa María Madre de la Iglesia. Estos son elementos que tendremos muy presentes en nuestro ministerio episcopal, por lo que seguiremos el ejemplo discipular e intercesor de Nuestra Señora del Carmen que nunca me abandona. Además, contamos con el testimonio vivencial y celestial de nuestro Beato Carlos Manuel Rodríguez. Con estos elementos muy presentes, impulsaremos la pastoral del servicio y la comunión en cada una de nuestras parroquias y en las diversas estructuras diocesanas. Son muchos los esfuerzos realizados en esta línea, los que retomaremos y continuaremos en el mayor espíritu de servicio y de amor por nuestro pueblo y esta Iglesia local.
De cara a la realidad actual de este País y ante las necesidades particulares de esta Iglesia Diocesana de Caguas, impulsaremos el trabajo misionero y pastoral de nuestras parroquias, de tal forma que la Iglesia esté más presente entre la gente, o como dice el Papa Francisco: “entre las casas y hogares de nuestra gente”. Por tanto, acercarnos a las familias con sus proyectos, sueños y heridas; a los niños y jóvenes con sus proyectos de fe y de esperanza, o heridos en sus historias de vida; a nuestros abuelos y viejos que sufren la soledad, la marginación y el cansancio de sus etapas de vidas; acercarnos a éstos, con espíritu de acogida misericordiosa, será un deber ineludible para este Servidor. Lo mismo espero de cada uno de mis sacerdotes y diáconos, de los religiosos y de todos los líderes y responsables laicales en las comunidades y estructuras parroquiales y diocesanas.
En fin, recibo esta encomienda ministerial con alegría y esperanza, como una gran oportunidad sinigual para servir y dar lo mejor de mi persona a Jesús y a su Iglesia, a mi pueblo y, concretamente, a esta Diócesis Criolla. Diócesis que me vio nacer y desarrollar como sacerdote desde Maunabo, Yabucoa, Humacao, Aibonito, Naranjito y Fajardo. Al aceptar esta nueva encomienda episcopal, invoco la intercesión de María, Madre de la Iglesia, y, concretamente, en su advocación de Nuestra Señora del Carmen, para que sea Ella quien me oriente y me muestre, como en las Bodas de Caná, los nuevos signos del Reino y la presencia de Jesús en medio de su pueblo. También, pido al Beato Carlos Manuel su intercesión y acción testimonial de fe, para abrazar a Jesús desde la Cruz y caminar con él hacia la Pascua, que es vida y un nuevo comenzar para todos. ¡Gracias y mi bendición con ustedes, contando siempre con su oración, en la misma escuela del Papa Francisco!
 
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